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Perdón, lo he hecho otra vez. Todos están durmiendo y yo padezco de este maldito insomnio de siempre, ese que lleva tu nombre tatuado por el lado que lo veas. Septiembre está a punto de terminar y yo todavía sigo imaginando personas que no pasarán y cosas que quizás ya caducaron, ni siquiera sé qué estoy esperando. He llegado al punto donde no sé en dónde estoy parado, sólo con una inseguridad tan grande de perder lo que más quiero en esta vida. No sé por qué demonios te prometí aquel día que siempre te recordaría, suelo ser de esas personas que, aunque les haga daño, cumplen la promesa. Toda esa mierda me está comiendo los huesos. Es de madrugada, todos duermen. Te escribo ahora, para que así no se den cuenta de que todavía te echo de menos. Nuestra historia terminó antes de que le escribiera un final, no feliz, pero sí bonito. Terminó siendo un final miserable, en toda la extensión de la palabra. Ahora ya sabes quién amó de más en esta relación inestable. Esa maldita canción sigue reproduciéndose en mi cabeza, antes era mi favorita, lo dejó de ser cuando te la dediqué. Sigo repitiendo tu nombre en la fría oscuridad mientras mis labios se secan al abrirlos. Tengo una teoría: las personas son como los labios, cuando se separan naturalmente comienzan a secarse y cuando se juntan detienen el proceso. Ahora nos estamos secando como las hojas de otoño. Y algún día alguien pasará, nos pisará y terminará de quebrarnos en pedacitos. Ojalá septiembre se acuerde de llevarse todo este caos que provocas en mí.
Benjamín Griss (via elchicodelayer)